• Eduardo A. Saldivia

El canje de deuda por naturaleza

Durante su exposición en la Cumbre de Cambio Climático que se está desarrollando hasta el viernes en Escocia, el presidente Fernandez en primer lugar remarcó que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible está en terapia intensiva y además sostuvo que para Argentina no hay adaptación al cambio climático posible mientras no podamos superar el obstáculo que representa el endeudamiento que mantiene nuestro país con el Fondo Monetario Internacional. Y finalizó insistiendo en la postura -que ya había adelantado el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié- de canjear deuda externa por acción climática. Propone tomar los fondos que buscan convertir a la Argentina en un país más sustentable y usarlos para pagar deuda externa.


Los organismos internacionales están quedando muy expuestos, en especial el FMI, el monto del préstamo que recibió Argentina es mas de la mitad de lo que todo el mundo le destinará a la lucha contra la crisis climática en un año. Lo que demuestra a las claras una incoherencia de discurso entre la búsqueda de una rentabilidad usurera o la de un desarrollo sostenible.


Lo mismo sucede con los créditos que reciben los proyectos y las empresas de hidrocarburos. Por un lado se fomenta la transición a la energía renovable, mientras con subsidios y otros mecanismos promocionan nuevos puntos de extracción de combustible fósil y fracking.


Todo el gas y el petróleo que está bajo tierra debe quedarse allí, y en ese sentido uno de los avances más resonantes de la COP 26 será -sin dudas- el acuerdo firmado por 20 países en el que se comprometen a dejar de financiar proyectos de exploración o explotación de combustibles fósiles en el extranjero para fines de 2022, cifra que se estima en unos 15.000 millones de dólares que podrán destinarse a otro tipo de proyectos de fuentes de energías no fósiles. En este caso puntual, aunque no es vinculante, China no rubricó el documento.


Pero de qué se trata canjear deuda por acción climática. Según explica la publicación especializada China Dialogue, en los canjes bilaterales, por cada dólar que el país endeudado destine a obras para volverse sustentable, los organismos internacionales podrían darle por saldado -por ejemplo- cinco dólares de su deuda. De esa manera, y en números que se definen según cada caso, los acreedores se garantizan que el monto que el país endeudado iba a destinar a pagarles, lo usen en mitigar el calentamiento global.


En la modalidad de los canjes trilaterales, el acreedor vende la deuda a una ONG, supongamos al 20% de su valor original y el país deudor debe continuar pagando su deuda pero ahora a la ONG, y -por ejemplo- al 30% del valor original. Saliendo beneficiados tanto el país en desarrollo como la ONG ambiental.


Al final de cuentas, este sistema es cuestionable, porque de la totalidad de los fondos que iba a recibir un país para proyectos sustentables, los gobernantes terminan destinando sólo una parte al su verdadero fin y la otra parte se destina a pagar deudas. Es como si te dieran plata para comprar una moto eléctrica y en lugar de eso, con la plata pagaras el resumen de cuenta de tu tarjeta de crédito, donde hay zapatos, camisas, artículos de electrónica, y con lo que te sobra te compras unas plantas nuevas para tu ventana, para que nadie diga que no sos amable con el ecosistema.


Tal vez, si nos dieran la plata para la moto eléctrica -y realmente la compráramos- podríamos usarla para trabajar repartiendo paquetería por la ciudad y así, a la larga, terminaríamos teniendo la moto ecológica y nuestras deudas igualmente pagadas.


En conclusión, el dinero que se busca canjear por deuda iba a ir los paneles solares de un aserradero, a la turbina de bolsillo para la energía renovable de un pueblo, al parque automotor de los guardaparques, en definitiva, nos daría más trabajo, empleos verdes y tarde o temprano, también nos permitiría honrar nuestras deudas, pero así como se plantea se perderá en las actas del arqueo de un banco internacional y lavará las culpas de aquellos que quisieron especular con la necesidad de los países que buscaban sobrevivir.

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